Venezuela- El aumento sostenido de los precios, la fuerte depreciación del bolívar frente al dólar y la presión de las compras propias de la temporada han configurado una Navidad atípica en Venezuela, que comenzó oficialmente el pasado 1 de octubre por orden del presidente Nicolás Maduro, en medio de un contexto de tensión internacional con Estados Unidos.
En los días previos a la Nochebuena, comerciantes y consumidores en Caracas coincidieron en una misma percepción: muchas personas en las calles, pero pocas ventas. Así lo describió María Da Silva, comerciante del tradicional mercado de Quinta Crespo, quien aseguró que la gente compra lo indispensable y en pequeñas cantidades para que el dinero rinda.
“Hay mucha gente, pero no se ve mucha bolsa. La economía está fuerte y la plata no rinde”, explicó Da Silva, quien lleva más de 40 años trabajando en el mercado. Indicó que, aunque los ingredientes para las hallacas siguen siendo los más solicitados, las compras se hacen “de a poquito”, afectando las ganancias de los vendedores.
La comerciante relató que este año no habrá hallacas en su hogar ni regalos en abundancia. “Solo regalos para mis nietos”, comentó, reflejando una realidad compartida por muchas familias venezolanas.
El impacto del dólar y la inflación
El alza de los precios se siente con mayor fuerza dependiendo de la moneda de pago. Según los comerciantes, los dólares en efectivo son cada vez más escasos, mientras que la mayoría de las transacciones se realizan con tarjetas, a precios fijados en dólares pero cobrados en bolívares al tipo de cambio oficial del Banco Central de Venezuela.
En lo que va de 2025, el bolívar ha perdido 84.8 % de su valor frente al dólar, cuya cotización oficial pasó de 52.02 bolívares a principios de año a 342.93 bolívares al 26 de diciembre, lo que representa un aumento de más del 559 % en la divisa estadounidense.
Además del tipo de cambio oficial, persiste un mercado paralelo que influye en los precios finales. Algunos comerciantes ofrecen descuentos si el pago se realiza en dólares, mientras que otros ajustan las tarifas según la moneda utilizada, generando una doble referencia de precios que se ha normalizado en la cotidianidad venezolana.
Consumo bajo presión y temor psicológico
Pese a la crisis, algunos vendedores aseguran que las ventas se han mantenido, impulsadas por la tradición y la necesidad de cumplir con las celebraciones familiares. Para muchos compradores, diciembre concentra una presión adicional: comida, ropa y juguetes deben adquirirse al mismo tiempo.
Sobre las tensiones con Estados Unidos y el despliegue militar en la región, varios entrevistados coincidieron en que el impacto es más psicológico que económico. “La gente tiene miedo de un bloqueo, pero en la práctica las compras siguen”, comentó una consumidora, quien señaló que el temor no ha detenido del todo el flujo de divisas.
Mientras tanto, la Navidad en Venezuela transcurre entre la resiliencia, la cautela y el esfuerzo diario de las familias por mantener vivas las tradiciones, aun cuando el bolsillo impone límites cada vez más estrictos.