San Juan– La campaña presidencial que se libra en Colombia de cara a las elecciones del 31 de mayo enciende una pregunta inevitable para Puerto Rico: ¿están los candidatos locales preparados para lo que se viene en las elecciones de 2028, cuando la inteligencia artificial (IA) podría redefinir por completo la manera de hacer política?
En Colombia, casi todos los candidatos han recurrido a videos creados con IA en los que el humor, la parodia y los formatos virales reemplazan los mítines tradicionales y los debates de fondo. Caricaturas de aspirantes convertidos en protagonistas de telenovelas de frutas, recreaciones del universo de Harry Potter o montajes futbolísticos con la selección nacional son algunos de los recursos que dominan las redes sociales colombianas en plena temporada electoral.
Uno de los que más ha explotado este formato es el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella, cuya campaña ha difundido piezas en las que aparece convertido en felino o persiguiendo a líderes guerrilleros con música épica y mensajes de seguridad que recuerdan al estilo visual del presidente estadounidense Donald Trump y al discurso del mandatario salvadoreño Nayib Bukele. La candidata de derecha Paloma Valencia, por su parte, aparece en un video disputando un partido de fútbol como representante de la selección colombiana junto a su compañero de fórmula.
El analista político Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario, advierte que este fenómeno refleja una transformación profunda de las campañas electorales, pero también un empobrecimiento considerable del debate político. «La campaña es el momento para confrontarse con los demás, para intercambiar ideas, y eso no se está viendo», señaló. Basset alerta además sobre el riesgo de que los candidatos se encierren en una burbuja digital, donde el éxito en redes genera una falsa sensación de apoyo popular que no siempre se traduce en votos reales.
¿Podría Puerto Rico seguir ese mismo camino? La Isla no es ajena a las tendencias digitales. Las redes sociales ya juegan un papel determinante en la política local, y con el avance acelerado de las herramientas de IA, es perfectamente plausible que para las elecciones de 2028 los candidatos a la gobernación, la legislatura o el comisionado residente recurran a videos generados artificialmente, avatares digitales o campañas diseñadas exclusivamente para maximizar el alcance en TikTok, Instagram y YouTube.
La pregunta no es si la inteligencia artificial llegará a las campañas puertorriqueñas, sino cuándo y cómo. Y, sobre todo, si los electores, los medios de comunicación y las agencias electorales estarán preparados para distinguir entre una propuesta real y un montaje viral diseñado únicamente para agradar al algoritmo. En Colombia, esa línea ya comenzó a borrarse. Puerto Rico tiene aún tiempo de aprender la lección.