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Una noche infinita en Los Ángeles: Dodgers vencen a los Blue Jays 6-5 en el juego más largo de la Serie Mundial

Por Tatiana Matos Veloz • 28 de octubre de 2025

Freddie Freeman selló con un jonrón en la 18.ª entrada el Juego 3 más largo en la historia de la Serie Mundial, una batalla épica donde brillaron Shohei Ohtani y el inesperado héroe Will Klein.

Los Ángeles- La noche parecía no tener fin. Seis horas y 39 minutos después del primer lanzamiento, el Dodger Stadium estalló en júbilo: Freddie Freeman había mandado la pelota a 406 pies del centro del campo y sellado una de las victorias más memorables en la historia de la Serie Mundial.

Los Dodgers de Los Ángeles vencieron 6-5 a los Toronto Blue Jays en 18 entradas, en lo que se convirtió en el juego más largo en la historia del clásico de otoño por número de innings y el segundo más extenso en duración.

El duelo fue una odisea de resistencia, nervios y grandeza, donde los héroes surgieron de donde menos se esperaba.

Una noche de récords y leyendas

Desde el inicio, el ambiente en el Dodger Stadium se sentía distinto. Shohei Ohtani abrió el juego con un doble, conectó dos jonrones y alcanzó base nueve veces, un registro que solo se había visto dos veces en más de un siglo de béisbol.

En el noveno inning, el manager de Toronto, John Schneider, optó por algo casi inédito: darle base por bolas intencional a Ohtani con las bases vacías, reconociendo su amenaza descomunal. La escena se repitió varias veces, incluso con el público abucheando, y cada aparición del japonés era una mezcla de respeto y temor.

El héroe inesperado: Will Klein

Pero el alma del partido fue Will Klein, un relevista que hasta hace poco no figuraba en el roster titular de los Dodgers. En medio del agotamiento colectivo, Klein lanzó cuatro entradas de una sola carrera, con cinco ponches y 72 lanzamientos, convirtiéndose en el ancla que mantuvo vivo al equipo.

Cerca de la medianoche, el veterano Sandy Koufax, leyenda del montículo angelino, se acercó al joven lanzador y le extendió la mano:

“Nice going”, le dijo Koufax.

Ese momento selló más que una victoria: forjó un lazo entre generaciones, entre la gloria de antaño y el coraje del presente.

Freeman, el cierre perfecto

Y cuando el reloj marcaba las 11:50 p.m., llegó el golpe final. Freddie Freeman, quien había batallado durante toda la postemporada, encontró un sinker en el corazón del plato y lo envió al cielo de Los Ángeles. Su jonrón no solo terminó el partido: cerró una noche de pura magia beisbolera, una historia de resistencia, talento y redención.

“Fue todo. Fue más que un juego”, dijo Klein después del encuentro. Y tenía razón.
Este fue el tipo de noche que se queda grabada en la memoria del béisbol y en el corazón de sus testigos.

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