Puerto Príncipe, Haití– Ir a la escuela debería ser sinónimo de seguridad y esperanza, pero para miles de niños haitianos se ha convertido en un riesgo. Un nuevo informe de la organización humanitaria World Vision reveló que 29,35 % de los menores entrevistados consideran que asistir a clases es una actividad “de alto riesgo” para su seguridad.
El estudio, titulado “Una generación viviendo con miedo”, recoge los testimonios de 840 personas —de las cuales 271 son niños y niñas— y advierte que las violaciones contra la niñez aumentaron un 490 % entre 2023 y 2024.
Pandillas controlan el 90 % de la capital
El doctor Lesly Michaud, director de programas de World Vision en Haití, explicó que la raíz de esta crisis está en el control territorial de las pandillas. Puerto Príncipe, diseñada originalmente para 250.000 habitantes, hoy alberga más de tres millones de personas, lo que facilita la dominación criminal.
“Actualmente, en la zona de la capital, el 90 % del territorio está bajo dominio de pandillas”, subrayó Michaud. Según datos de Unicef, la mitad de los miembros de estas organizaciones son menores de edad.
Más de 600.000 niños viven en áreas donde pueden ser reclutados fácilmente para la violencia, lo que convierte a Haití en uno de los países más peligrosos del mundo para la infancia.
Corredores seguros para la educación
World Vision instó al gobierno haitiano a restaurar el estado de derecho e implementar un “corredor seguro” hacia las escuelas, que permita a los niños estudiar sin temor.
“El acceso a la escuela es lo más importante para el desarrollo de un país, y es lo que merecen los niños haitianos”, insistió Michaud.
La organización también pidió a la comunidad internacional un mayor acceso a fondos flexibles y plurianuales, para garantizar servicios básicos y proyectos de largo plazo que fortalezcan la resiliencia de la población.
Trabajo humanitario y apoyo comunitario
Con más de 45 años de presencia en Haití, World Vision trabaja junto a iglesias locales en proyectos de protección infantil, agua potable y saneamiento. Gracias a estas alianzas, la organización ha beneficiado a unas 400.000 personas al año, construido más de 50.000 letrinas para prevenir el cólera y desarrollado programas de superación de la pobreza.
“El papel de la iglesia es crucial. Lo que hacemos es promover la esperanza y darle a la niñez herramientas para soñar con un futuro mejor”, concluyó Michaud.