Hace exactamente 40 años, la expedición liderada por el oceanógrafo estadounidense Robert Ballard realizó un hallazgo histórico que cambiaría para siempre la arqueología submarina: el descubrimiento de los restos del Titanic en las profundidades del Atlántico Norte.
El 1 de septiembre de 1985, a casi 4,000 metros bajo la superficie, Ballard y su equipo localizaron los restos del legendario transatlántico británico, que se había hundido en la madrugada del 15 de abril de 1912 tras chocar con un iceberg durante su viaje inaugural entre Southampton y Nueva York.
El hundimiento del Titanic, considerado uno de los desastres marítimos más trágicos del siglo XX, causó la muerte de más de 1,500 personas y dio origen a innumerables investigaciones, libros, documentales y películas, convirtiéndose en un símbolo de la fragilidad humana frente a la naturaleza.
El hallazgo en 1985 permitió no solo conocer con mayor detalle cómo se había partido el barco en dos, sino también preservar su memoria como un sitio histórico bajo protección internacional. Hoy, cuatro décadas después, el descubrimiento sigue siendo un hito científico y cultural.