Washington– La aparente luna de miel entre el presidente ruso Vladímir Putin y el mandatario estadounidense Donald Trump muestra sus primeras fracturas, luego de que Estados Unidos aprobara sanciones contra las dos mayores petroleras rusas, Lukoil y Rosneft, en respuesta a la negativa del Kremlin de cesar la guerra en Ucrania.
El Banco Central de Rusia reaccionó de inmediato y redujo sus previsiones de crecimiento económico a un rango de 0,5 % – 1 % para 2025, frente al 1 %-2 % estimado anteriormente, admitiendo que podría haber una contracción económica en el último trimestre del año.
Las sanciones, que entrarán en vigor el 21 de noviembre, fueron interpretadas como un duro golpe a la industria petrolera rusa, que exporta más de 3,1 millones de barriles diarios, equivalente a la mitad del total de producción nacional y al 5 % del suministro global.
Según la prensa internacional, la decisión de Trump no incluyó sanciones personales a dirigentes rusos, aunque el Senado estadounidense prepara un segundo paquete más severo. A raíz de la medida, Lukoil canceló su reunión de junta directiva, mientras que China y la India, dos de los principales compradores de crudo ruso, han comenzado a reconsiderar sus importaciones por temor a sanciones secundarias.
“Ningún país que se respete toma decisiones bajo presión. Rusia tiene ese privilegio”, advirtió Putin, calificando las sanciones como “un acto inamistoso”.
El Kremlin sostuvo una postura desafiante. Su portavoz, Dmitri Peskov, aseguró que el país resistirá las presiones y que el tiempo demostrará los efectos reales de las medidas. “Veremos dentro de seis meses qué ocurre”, afirmó.
Por su parte, Trump respondió con ironía: “Estoy encantado de que lo vea así. Veremos dentro de seis meses cómo ha salido todo”.
Mientras tanto, los analistas coinciden en que la tensión marca un punto de inflexión en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, al tiempo que aumenta la incertidumbre en los mercados energéticos mundiales.