El fenómeno de El Niño volverá a cobrar fuerza durante los próximos meses y podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de este año, con efectos que podrían extenderse hasta comienzos de 2027.
Pero, ¿qué significa realmente?
El Niño es una fase natural del patrón climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Ocurre cuando las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan más de lo normal y, como consecuencia, cambian también los patrones de viento, lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.
El Niño y La Niña no son lo mismo
Dentro del mismo patrón climático existe otra fase conocida como La Niña.
La diferencia principal está en la temperatura del océano:
El Niño es la fase cálida y La Niña es la fase fría.
Un episodio de El Niño puede durar hasta aproximadamente un año y medio.
Puede cambiar las lluvias y las temperaturas
Cuando El Niño se fortalece, algunas regiones pueden recibir más lluvia de lo normal, mientras otras enfrentan sequía.
Se asocia, por ejemplo, con más precipitaciones en partes de América del Sur, África oriental y el sur de Estados Unidos.
En cambio, puede favorecer condiciones más secas en Australia, Indonesia, el sur de África y algunas zonas de Asia.
También suele relacionarse con una menor actividad de huracanes en el Atlántico.
También puede afectar el bolsillo
Los cambios en lluvia y temperatura pueden afectar cultivos, disponibilidad de agua y producción de alimentos.
Cuando una región agrícola enfrenta sequía o pierde cosechas, el impacto puede sentirse también en los precios y en la seguridad alimentaria de las comunidades.
¿Significa que viene un desastre?
No necesariamente.
La Organización Meteorológica Mundial advierte que un episodio fuerte de El Niño no significa que todos los países enfrentarán inundaciones, sequías u olas de calor.
Su impacto depende de la región y de otros factores climáticos.
Lo importante es que los gobiernos y comunidades utilicen los pronósticos para prepararse con anticipación.