San Juan— Mientras la atención pública se concentra en los embalses Carraízo y La Plata y en el racionamiento de agua que afecta a cientos de miles de abonados, la misma sequía está alimentando otro problema que se ha ido acumulando en silencio: un aumento sostenido de incendios forestales en toda la isla.
El Cuerpo de Bomberos ha atendido 1,113 incendios forestales en lo que va de 2026, frente a los 1,024 registrados durante el mismo período del año pasado — un aumento de 89 casos que, de mantenerse el ritmo, podría hacer que 2026 cierre como el año con más incendios forestales que 2025.
La explicación está en el ciclo del clima
Según el Cuerpo de Bomberos, el fenómeno no es casualidad ni un problema aislado del verano: es la consecuencia directa de un ciclo climático que comenzó meses atrás. La vegetación que creció entre octubre y noviembre de 2025, durante los episodios de lluvia más fuertes, empezó a secarse progresivamente a partir de enero y febrero, cuando la isla entra en su transición habitual hacia un clima con menos precipitación y vientos más intensos.
Ese proceso, que normalmente se autorregula con las lluvias de primavera y principios de verano, este año se ha visto agravado por una sequía que no ha dado tregua. Según la actualización más reciente de Drought.gov, el 82.64% de Puerto Rico se encuentra actualmente bajo condiciones atípicamente secas o algún nivel de sequía.
La combinación de calor, sequía y viento es, según las autoridades, la fórmula que más eleva el riesgo de incendio: entre menos humedad tiene la vegetación, más rápido se convierte en combustible, y el viento facilita que una chispa se propague antes de que pueda controlarse.
El factor humano
No todo es clima. El comisionado del Cuerpo de Bomberos ha insistido en que una parte considerable de estos incendios es prevenible. Entre las causas más comunes identificadas por la agencia figuran fogones o parrillas que no se apagan completamente después de cocinar, colillas de cigarrillo desechadas en áreas de maleza, materiales inflamables dejados cerca de vegetación seca, y quemas de terreno realizadas sin control.
Mantener las residencias libres de maleza alta y evitar cualquier fuente de fuego en zonas boscosas durante esta temporada son parte de las recomendaciones que las autoridades han repetido en los últimos meses.
Dónde se concentra el riesgo
Las regiones sur y oeste de Puerto Rico son, históricamente, las más propensas a este tipo de incendios, por sus patrones de lluvia más bajos incluso en años normales. Este año, sin embargo, la sequía ha sido lo suficientemente amplia como para elevar el riesgo en zonas que no suelen figurar entre las más afectadas.
Una misma sequía, dos crisis visibles
El paralelo con la crisis de agua no es casualidad: ambos fenómenos —el racionamiento en los embalses y el aumento de incendios forestales— son manifestaciones distintas del mismo déficit prolongado de lluvia que atraviesa la isla. Mientras los embalses Carraízo y La Plata han perdido capacidad semana tras semana, el suelo y la vegetación en zonas boscosas han perdido la humedad que normalmente actúa como barrera natural contra el fuego.
Las autoridades han indicado que, mientras persistan las condiciones de sequía, el riesgo de incendios forestales se mantendrá elevado, independientemente de si llueve de forma puntual en algunas áreas de la isla — un patrón similar al que meteorólogos del Servicio Nacional de Meteorología han señalado sobre la insuficiencia de lluvias aisladas para revertir el déficit acumulado en las cuencas.