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Por qué el cobre se ha convertido en un botín para los ladrones

Por Redacción Digital • 13 de agosto de 2026

Un reciente hurto de cables de cobre valorados en $25,000 en Vega Baja vuelve a poner el foco sobre el lucrativo mercado de este metal.

Vega Baja— No se llevaron computadoras, vehículos ni equipos electrónicos. Esta vez, el botín fueron miles de pies de cable.

La Policía investiga el hurto de aproximadamente $25,000 en cables de cobre de dos vagones de la compañía CL&L Group ubicados en el estacionamiento del parque Carlos Román Brull, en Vega Baja.

Según el informe preliminar de las autoridades, una persona abrió los dos vagones y se apropió de varios rollos de cable. Del primero habrían desaparecido cuatro rollos con una cantidad estimada de 10,000 pies. Del segundo, según la Policía, se llevaron otros 1,500 pies de cable y 20 rollos que contenían aproximadamente 10,000 pies adicionales.

El Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Vega Baja quedó a cargo de la investigación.

Pero el caso plantea una pregunta que probablemente se ha hecho cada vez que escucha una historia similar:

¿Por qué alguien quiere robar tantos cables? La respuesta está en lo que tienen por dentro.

El cobre vale dinero incluso después de usado

El cobre es uno de los metales industriales más importantes del mundo.

Tiene una combinación de características particularmente valiosas: conduce muy bien la electricidad y el calor, es resistente a la corrosión, puede moldearse y, sobre todo, puede reciclarse y volver a utilizarse. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que aproximadamente tres cuartas partes del cobre utilizado corresponden a aplicaciones eléctricas, incluyendo generación y transmisión de energía, cableado de edificios, telecomunicaciones y productos eléctricos y electrónicos.

Eso ayuda a explicar por qué hay cobre prácticamente en todas partes: desde una residencia hasta las redes eléctricas y de telecomunicaciones.

Y también explica parte del problema.

Un cable puede dejar de tener utilidad para su propietario, pero el cobre que contiene continúa teniendo valor como materia prima.

Una vez recuperado, puede regresar al mercado mediante la industria legítima del reciclaje. Esa facilidad para convertir material usado en una materia prima aprovechable es precisamente una de las características que también lo hacen atractivo para quienes lo obtienen ilegalmente.

El propio Departamento de Energía federal ha reconocido que el mayor valor del cobre lo hace más susceptible al vandalismo y al robo.

¿Qué hacen con el cable robado?

En casos de robo de cobre investigados en Estados Unidos, las autoridades han documentado un patrón bastante sencillo: se retira el revestimiento del cable para dejar expuesto el cobre y posteriormente intentar vender el metal.

Investigaciones del Departamento de Energía, por ejemplo, han documentado casos de cables de telecomunicaciones cortados y transportados para posteriormente removerles el aislamiento y vender el cobre descubierto.

Eso no significa que la Policía haya determinado que ese era el destino del material hurtado en Vega Baja. El caso continúa bajo investigación y las autoridades no han informado qué ocurrió con los cables después del robo.

Pero ayuda a entender por qué el cableado puede convertirse en objetivo de los ladrones.

Puerto Rico intenta seguirle el rastro al cobre

El problema tampoco es nuevo en la isla.

Puerto Rico cuenta con legislación dirigida específicamente a controlar las transacciones de cobre y otros metales.

Desde una enmienda aprobada en 2024, los negocios y personas dedicados a comprar, vender, almacenar, transportar o reciclar determinados metales deben registrar electrónicamente las transacciones ante la Policía de Puerto Rico en un máximo de 24 horas.

El registro debe incluir información que permita identificar la procedencia del metal, cuánto se pagó y quiénes participaron en la transacción.

La intención es evidente: dificultar que una persona pueda robar cobre y luego convertirlo en dinero sin dejar rastro. La propia exposición de motivos de la ley reconoce que los delitos relacionados con estos materiales han ocasionado pérdidas millonarias a industrias, a la economía y problemas para los consumidores.

El verdadero costo puede superar lo que vale el cobre

Y aquí está la parte que afecta al ciudadano.

Cuando alguien roba cable de una infraestructura, el daño no necesariamente termina en el valor del metal que desapareció. Si para obtenerlo hay que cortar líneas, destruir equipos o afectar instalaciones, el costo de reparar el sistema puede ser considerablemente mayor que lo que el ladrón obtendría vendiendo el cobre.

En instalaciones energéticas estadounidenses se han documentado casos en los que los daños provocados durante robos de metales superaron considerablemente el valor del material sustraído.

Y cuando el cable pertenece a infraestructura eléctrica o de telecomunicaciones, el problema puede trascender al propietario: una apropiación ilegal puede afectar servicios de los que dependen hogares, comercios o comunidades.

En el caso de Vega Baja, la Policía únicamente ha informado hasta ahora un valor estimado de $25,000 para la propiedad hurtada. No se ha indicado que el incidente haya provocado interrupciones de servicios públicos.

Pero el episodio vuelve a poner sobre la mesa por qué el cobre resulta tan atractivo para los ladrones.

No se roba porque sea bonito ni porque el cable tenga alguna utilidad especial para quien se lo lleva. Se roba porque debajo de ese plástico hay un metal industrial valioso, reciclable y con un mercado dispuesto a pagar por él.

Y mientras exista esa combinación, un rollo de cable mal protegido puede parecer, para un ladrón, mucho más parecido a dinero de lo que aparenta.

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