Nueva York- A menos de un año del inicio del Mundial de Fútbol 2026, que será organizado de forma conjunta por Estados Unidos, México y Canadá, las tensiones comerciales y migratorias impulsadas por la Administración Trump han comenzado a generar incertidumbre sobre el desarrollo del evento deportivo más visto del planeta.
La reciente política de aranceles implementada por EE.UU. ha abierto grietas entre los tres países anfitriones. Aunque las federaciones de fútbol de los países involucrados y la FIFA han optado por guardar silencio ante los cuestionamientos, expertos advierten sobre el impacto potencial de estas medidas en la logística, comercio y movilidad del torneo.
«Es poco probable que los aranceles sean una amenaza significativa, pero el Mundial podría propiciar una tregua comercial temporal», explicó Ryan Sweet, economista jefe para EE.UU. de Oxford Economics, quien subrayó el valor económico del evento como incentivo para reducir tensiones.
Paralelamente, el Caucus Hispano del Congreso de EE.UU. ha alertado que las políticas migratorias restrictivas podrían afectar la accesibilidad de aficionados y participantes al torneo. En una carta dirigida al presidente Trump y a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, subrayaron la necesidad de garantizar seguridad sin comprometer el acceso al país.
Infantino y Trump: una relación que levanta cejas
Mientras tanto, la cercanía entre Donald Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha generado incomodidad en algunos sectores del fútbol internacional. Ambos han intercambiado elogios y colaborado en la preparación del Mundial de Clubes y del Mundial 2026. Infantino incluso agradeció a Trump por presidir un grupo de trabajo desde la Casa Blanca.
Sin embargo, este vínculo provocó tensiones visibles en el reciente Congreso de la FIFA celebrado en Paraguay, donde la sesión comenzó con casi tres horas de retraso por el viaje de Infantino a Catar y Arabia Saudí junto a Trump. La ausencia del presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, en el regreso a la sala reflejó el malestar entre algunos dirigentes.
Pese al ruido político, la UEFA afirmó días después que mantiene una relación “sólida y respetuosa” con la FIFA, aunque el incidente evidenció las fricciones internas en un contexto en el que el fútbol mundial se entrelaza cada vez más con las dinámicas de poder geopolítico.
Con una audiencia proyectada para superar los 5.000 millones de espectadores, el Mundial 2026 no solo representa un reto deportivo, sino también un desafío diplomático, comercial y social para sus organizadores.