San Juan- La comunidad migrante en Puerto Rico, en especial los dominicanos y haitianos, vive momentos de temor extremo y deterioro emocional ante el aumento de redadas migratorias lideradas por agentes federales del ICE bajo la política de deportaciones del presidente Donald Trump.
Entre enero y junio de este año, 568 migrantes indocumentados fueron arrestados en la isla, incluyendo 421 ciudadanos dominicanos, según cifras oficiales. Muchos de estos arrestos ocurrieron en viviendas, obras de construcción y hasta en los tribunales de San Juan.
“Estoy bien asustado, nunca había vivido algo así”, confesó Gerard Hernández, un dominicano que llegó a Puerto Rico en 2018 y ya ha visto a dos familiares deportados en lo que va de año.
Afectada la salud mental y la economía local
La situación ha provocado un aumento en los casos de ansiedad, depresión e incluso intentos de suicidio, según denunciaron líderes comunitarios y organizaciones humanitarias. “Cada día hay jóvenes buscando ayuda psicológica”, aseguró Leonard Prophil, portavoz de la comunidad haitiana, quien recientemente tuvo que hospitalizar a dos compatriotas en la unidad psiquiátrica del área metropolitana.
La presión también ha golpeado al sector económico. Negocios en sectores como Barrio Obrero, en San Juan, han cerrado o reducido sus operaciones, mientras que obreros de la construcción optan por no presentarse a trabajar por miedo a ser arrestados.
Acusaciones de persecución racial
Organizaciones defensoras de derechos humanos acusan al gobierno federal de llevar a cabo una “persecución racial”, señalando que la mayoría de los detenidos son de piel oscura. El temor se intensificó cuando se supo que el Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP) compartió información de licencias de conducir con el ICE, lo que ha sido considerado una “traición” por líderes comunitarios.
“La gobernadora Jenniffer González se excedió. Debería haber esperado una orden judicial antes de entregar datos privados”, opinó Hernández.
Una crisis dentro de otra
Puerto Rico ya enfrenta una epidemia de salud mental: según un informe del Departamento de Salud, 5 de cada 10 residentes en la isla sufre de ansiedad o depresión. La crisis migratoria solo ha agravado esa realidad, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.