Por Ricardo Currás
Estados Unidos – La gestión presidencial de Javier Milei y su proyecto político La Libertad Avanza recibieron el voto rechazo el pasado 7 de septiembre del presente año.
La elección legislativa en la provincia de Buenos Aires, un ejercicio de medio término para renovar diputados, senado y municipios de la capital, ha sido el medidor anticipado de la condición administrativa de Milei. Aunque la votación fue provincial, el resultado se hizo «inesperado» frente a las elecciones legislativas nacionales el próximo 26 de octubre.
Javier Milei ganó las elecciones presidenciales de Argentina en el 2023 acompañado de un discurso «anticasta» (grupo o clase privilegiada). Su propuesta frontal contra el peronismo, el kirchnerismo, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y otros, era erradicar «a los corruptos, a los chorros (ladrones del poder)» y mejorar la economía a lo Trump «hacer grande a la Argentina nuevamente».
Milei, un producto de los medios televisivos argentinos por los ratings, se blindó mediáticamente con su propuesta de cambio y limpieza en la política argentina.
Sin embargo, dos años en el poder han bastado para que broten los cuestionamientos sobre lo que prometió.
Para observadores y contrincantes, el rugido del león quedó como un «gatito mimoso» por la derrota impensada y con diferencia del 13%. El partido ganador, Fuerza Patria (peronismo), encabezado por el gobernador de Buenos Aires, Áxel Kicillof, ganó en seis de las ocho secciones electorales y en casi 100 municipios de los 135.
En la noche del domingo 7, entre la incertidumbre de si hablaba o no, Javier Milei apareció en la tarima principal del búnker o sede del recibimiento de resultados del partido. Era otro Milei. Aquel contendiente rabioso, ensordecedor, rugiente y aguerrido, aparecía con el semblante del que todavía está registrando qué fue lo que pasó. En un discurso leído, ya que, según un medio con fuentes directas al gobierno, la exigencia de su equipo fue «evitar la improvisación» que irrite, Milei habló:
«Hoy hemos tenido una clara derrota. Un revés electoral y hay que aceptarlo… No se retrocede en la política del gobierno y no estamos dispuestos a entregar un modelo que expande la economía. Vamos a hacer grande a la Argentina nuevamente… O la libertad o la Argentina retrocede».
La palabra «autocrítica» también fue repetida por el liderato de La Libertad Avanza. Pero, el día después de la elección, el juicio y la radiografía al evento electoral tuvo su despliegue.
El consenso del análisis por el resultado apunta hacia los siguientes momentos de conflicto. Milei se peleó y respaldó el veto de aumento de pensión a los jubilados, el discrimen y robo a los fondos de los discapacitados (semanas antes de la votación), la implicación y salpicadura del caso-fraude de la criptomoneda $Libra (del cual se escondió por un tiempo), una campaña electoral que no fue buena y con candidatos desconocidos, y los recortes a los programas de cultura, artes y ciencia. Sobre este último punto es importante señalar que un país que disminuye los fondos de ciencia e investigación tecnológica es un país que está amputando su saber y aniquilando cualquier adelanto en el pensamiento. Y eso está ocurriendo en la Argentina.
Además, su hermana, Karina Milei, a quien él llama «el Jefe», «sigue aferrada» al control del proyecto político, por lo que no cesan las denuncias por el choque de interés que, en materia de corrupción, se llama nepotismo.
El voto castigo del ciudadano argentino en Buenos Aires fue sopesado, porque también su vivencia económica no le alcanza para llegar a fin de mes.
Por lo que la interpretación de esta elección es que se etiqueta el proyecto de Milei como un gobierno «más de lo mismo», algo que el presidente prometió diferenciarse con su discurso anticasta.
Si bien el jefe del gabinete argentino, Guillermo Francos, expresó radialmente que la «derrota es compartida», también aceptó que «los resultados macroeconómicos no llegan a la gente».
Al proyecto de Milei, que le falta tiempo y seguirá enfocado en el programa económico, se le increpa por qué la trayectoria no satisface las necesidades básicas y la economía personal de una sociedad que es potencia regional. Finalmente, aunque Buenos Aires concentra una gran población peronista y kirchnerista, tampoco el partido ganador debe cantar victoria. El pasado no se desliga de los señalamientos que también les pasaron juicio y de estilos presidenciales que hoy enfrentan sentencias de corrupción pública.