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«Harina empapada de sangre»: Gaza arriesga la vida para sobrevivir bajo fuego israelí

Por Tatiana Matos Veloz • 7 de agosto de 2025

Bajo el sol abrasador y la sombra de la desesperación, miles de palestinos en la Franja de Gaza caminan cada día hacia el paso fronterizo de Zikim, con la esperanza de conseguir un saco de harina.

Gaza – Bajo el sol abrasador y la sombra de la desesperación, miles de palestinos en la Franja de Gaza caminan cada día hacia el paso fronterizo de Zikim, con la esperanza de conseguir un saco de harina. Lo hacen a riesgo de sus vidas: tanques y francotiradores israelíes abren fuego, dejando muertos, heridos y escenas de horror que se repiten a diario.

La harina, ahora conocida entre la población como el “oro blanco”, es codiciada por su valor para sobrevivir. Cada kilo puede costar hasta 60 euros en el mercado negro. La ONU estima que entre el 20 de julio y el 3 de agosto, el 90 % de la ayuda humanitaria enviada fue saqueada o descargada por civiles desesperados. Solo el paso de Zikim alimenta al norte de Gaza, donde reside más de la mitad de la población.

Entre tanques, disparos y bandas armadas

EFE documentó el drama humanitario: desde Ciudad de Gaza hasta Zikim, hombres, mujeres, niños y ancianos recorren entre 3 y 30 kilómetros, algunos a pie, para interceptar los camiones del Programa Mundial de Alimentos. Pero el trayecto está marcado por la violencia.

“Si no arriesgas tu vida, nadie dará de comer a tus hijos”, afirma Amal Mhamdi Nahal, viuda y madre de seis, con la ropa cubierta de harina y sangre.

Tanques israelíes y francotiradores abren fuego desde unos 3 kilómetros de distancia. El 4 de agosto, 23 personas murieron, y según la ONU, desde el 27 de mayo hasta el 31 de julio, 514 personas han muerto intentando conseguir comida.

ZIKIM (FRANJA DE GAZA), 07/08/2025.- Miles de personas acuden a una zona militarizada cerca del cruce de Zikim, en el norte de la Franja de Gaza, para hacerse con harina del Programa Mundial de Alimentos. Son las dos de la tarde. Bajo el calor abrasador de Gaza, miles de personas caminan kilómetros en dirección a la frontera de Zikim, en el extremo noroeste de la Franja, para intentar hacerse con harina de uno de los camiones que entran cada día por allí. Algunos vuelven cubiertos de sangre, otros muertos y, los afortunados, cargados de sacos del preciado «oro blanco». EFE/ Ahmad Awad

Además del peligro militar, bandas armadas organizadas interceptan los convoyes, roban la ayuda y la revenden a precios desorbitados. Quienes intentan resistirse, pueden ser amenazados o atacados. El caos convierte la búsqueda de comida en una escena de guerra.

Morir por un saco de harina

Los testimonios reflejan el drama de Gaza:

Los cuerpos de los muertos son cargados por familiares o vecinos durante kilómetros hasta hospitales, como el Hospital Protésico Hamad, donde se atiende a los heridos a falta de ambulancias.

Mientras tanto, miembros de la Unidad Sahm, afiliada a Hamás, intentan evitar los saqueos redistribuyendo la ayuda entre mujeres y ancianos. Pero el colapso humanitario continúa.

Una crisis invisible

Mientras la comunidad internacional debate soluciones diplomáticas, la población de Gaza vive entre el hambre, el miedo y la muerte diaria. La ayuda humanitaria, aunque urgente, no llega de forma segura, y las imágenes de cuerpos cubiertos de harina y sangre siguen siendo ignoradas por gran parte del mundo.

“Israel nos ha convertido en muertos vivientes”, clama una voz entre los escombros.

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