Nashville- Un estudio a gran escala liderado por la Universidad de Vanderbilt ha identificado 57 regiones genómicas asociadas a la tartamudez, abriendo nuevas puertas para la comprensión, diagnóstico temprano y posibles terapias para este trastorno del habla.
La investigación, publicada hoy en la prestigiosa revista Nature Genetics, analizó datos de más de un millón de personas, revelando una estructura genética compartida entre la tartamudez, el autismo y la depresión. Los hallazgos podrían ayudar a reemplazar percepciones erróneas sobre la tartamudez y reducir el estigma que enfrentan quienes la padecen.
“La tartamudez ha sido un misterio durante décadas. Este estudio ofrece una base científica sólida para entenderla”, explicó Jennifer Below, directora del Instituto de Genética de Vanderbilt. “Ahora sabemos que hay una arquitectura genética compleja detrás del habla, el lenguaje y la musicalidad”.
La tartamudez afecta a unos 400 millones de personas en el mundo, y aunque puede aparecer en la infancia (entre los 2 y 5 años), en muchos casos se resuelve de forma espontánea. Sin embargo, quienes la mantienen en la adolescencia y adultez, especialmente los hombres, pueden enfrentar discriminación, acoso escolar y desventajas laborales.
Dillon Pruett, coautor del estudio y persona que tartamudea, señaló que estos descubrimientos son un paso hacia nuevos enfoques terapéuticos y un cambio en la narrativa social: “Este estudio puede ayudar a romper estigmas y a mejorar la calidad de vida de millones de personas”.