Brasilia / Washington- Las tensiones diplomáticas entre Brasil y Estados Unidos se intensificaron este fin de semana, tras las sanciones impuestas por el gobierno de Donald Trump a jueces del Supremo Tribunal Federal de Brasil, en particular al magistrado Alexandre de Moraes, relator del proceso por intento de golpe de Estado contra el expresidente Jair Bolsonaro.
Mientras tanto, Bolsonaro —procesado por «instigar y auxiliar» al gobierno de Trump en «actos hostiles contra Brasil»— cumple desde este sábado medidas cautelares que incluyen el uso de tobillera electrónica, reclusión domiciliaria en noches y fines de semana, y la prohibición de utilizar redes sociales.
Sanciones y amenazas de aranceles
La situación se agravó tras el anuncio del secretario de Estado Marco Rubio, quien informó la revocación de los visados estadounidenses de De Moraes, su familia y varios aliados. Según Washington, estas acciones son una respuesta a una supuesta “caza de brujas” impulsada por el Supremo brasileño contra el líder de la ultraderecha.
A estas medidas se suma la advertencia del expresidente Trump de imponer aranceles del 50 % a las importaciones desde Brasil a partir del 1 de agosto, si no se detiene el proceso judicial contra Bolsonaro.
Lula responde: “Una intromisión inaceptable”
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva calificó las sanciones como una “medida arbitraria” y denunció que representan una intromisión directa en el sistema judicial brasileño.
“Ningún tipo de amenaza comprometerá la misión de nuestras instituciones de defender el Estado de Derecho”, afirmó Lula en una comunicación oficial.
“La interferencia de un país en la justicia de otro es inaceptable y atenta contra los principios de soberanía entre naciones”, añadió.
Eduardo Bolsonaro: vocero desde EE.UU.
Mientras Bolsonaro permanece recluido, su hijo y diputado Eduardo Bolsonaro mantiene una intensa actividad en redes sociales desde Estados Unidos, donde desde marzo promueve presión internacional a favor de su padre.
Este sábado celebró las sanciones, felicitó a Marco Rubio y afirmó que «Trump ha entendido que hay una élite financiera sosteniendo el régimen brasileño», sugiriendo que el próximo paso podría ser la aplicación de la Ley Magnitsky, una legislación estadounidense que sanciona a violadores de derechos humanos.
La ultraderecha internacional responde
La estrategia bolsonarista también apunta a ganar respaldo en el extranjero. El diputado Filipe Barros, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, informó que han denunciado la “persecución” ante organismos como la ONU y la OEA, y han contactado a partidos aliados en Europa.
Desde España, el líder de Vox, Santiago Abascal, acusó a Lula y De Moraes de “prácticas criminales” y defendió a Bolsonaro como “representante de la dignidad de una nación”. En Portugal, el líder de Chega, André Ventura, condenó la situación y cuestionó que “el verdadero ladrón esté en la Presidencia”.
El conflicto entre ambos países se mantiene en ascenso, con el liderazgo global de la derecha observando de cerca el desenlace de una crisis que combina elementos judiciales, diplomáticos y políticos con repercusiones internacionales.