Estados Unidos – El genocidio es un crimen reconocido por el derecho internacional desde 1946.
Así lo estipuló la Asamblea General de las Naciones Unidas, que en 1948 también aprobó la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. En el documento se estipularon cinco actos representativos del crimen, cuya ejecución de destrucción, total o parcial, se dirija contra un determinado grupo nacional, étnico, racial o religioso.
En tales circunstancias, perpetrar la «matanza de miembros de un grupo; lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas para impedir los nacimientos en el seno del grupo, y traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo» se entiende que es genocidio.
Por lo tanto, ya sea en tiempos de paz o guerra, la diplomacia internacional y los pueblos del mundo tienen a su disposición una codificación para identificar, reconocer y denunciar la aniquilación.
Al presente, el hecho histórico que marca y sacude el tratamiento a los derechos humanos es Gaza.
Sobre ello, las repercusiones mundiales por lo que pueda aparecer en medios, las advertencias, informes y resoluciones de organismos internacionales, y las acciones políticas internacionales buscan consenso para un fin.
Por lo que dos de las siete potencias del G7, en voz de sus presidente y primer ministro, se han pronunciado a favor del reconocimiento oficial del Estado de Palestina.
Los anuncios más recientes lo hicieron Mark Carney de Canadá y Keir Starmer, líder del Reino Unido, que se unen al anuncio previo de Emmanuel Macron en Francia, de usar la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre para declarar sus resoluciones.
Las tres determinaciones vienen motivadas por la presión internacional, el sufrimiento humano perpetrado en Gaza y acompañadas de condiciones específicas. A saber: acciones significativas para finalizar la «espantosa» situación en Gaza, un alto el fuego, un compromiso a largo plazo de un proceso de paz y la desmilitarización de Hamás, punto expresado por el presidente francés.
Starmer y Carney, que convocó a su gabinete para discutir la situación en Oriente Medio, coinciden en el estado «intolerable» de las circunstancias en Gaza. Starmer, por ejemplo, ve en el reconocimiento de dos estados una solución. De manera, que la decisión de Canadá y el Reino Unido, padre putativo del estado de Israel en 1948, se aparta de su principal aliado occidental Estados Unidos. Igualmente, Francia demarca su distancia frente a la alianza Donald Trump-Benjamín Netanyahu. Faltarían Japón, Italia, Alemania (que carga su culpa histórica por el Holocausto) y los Estados Unidos, aliado incondicional de Israel.
No obstante, ¿en qué compromete a los tres países decidirse por un reconocimiento oficial de Palestina como estado? Según el derecho internacional, la decisión estaría en la gestión diplomática, porque permitiría relaciones con otros estados y la convivencia en paz y seguridad.
Tanto Francia como Reino Unido y Canadá harían un reconocimiento simbólico, porque ya Palestina es reconocido como Estado por otras naciones. España, Noruega, Irlanda y otros dieron pasos en tal dirección. En la ONU Palestina tiene estatus de «Estado Observador Permanente», aunque no miembro en pleno derecho.
Pero la situación en Gaza se perpetra con los bombardeos que matan a mujeres y niños, y que se ejecuta por condicionantes que apuntan al control o restricción alimentaria. Al respecto, la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), cuerpo agrupado por instituciones y agencias especializadas de las Naciones Unidas, da noticia en su informe reciente de que el «peor escenario de hambruna está en marcha en la Franja de Gaza».
No comer durante días o más, ver vulnerados los derechos humanos básicos, sobrevivir entre escombros, sin servicios de agua potable y luz eléctrica, no dormir por las amenazas de bombardeos, ver morir a familiares, entre otros daños a la dignidad humana, son los desgarres de la desolación.
Por su parte, el gobierno de Israel mantiene su defensa de que Hamás sigue en el poder en Gaza y tiene rehenes. Sostiene que no hay restricciones en la entrega de alimentos y niega la existencia de alguna «hambruna». Sin embargo, el gobierno de Netanyahu no permite el acceso de medios independientes e internacionales para que reporten libremente lo que acontece en Gaza. Para algunos es un comportamiento de negacionismo y para otros un paralelismo de genocidio. Pero para el gobierno de Netanyahu el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 es la herida que implica acabar con Hamás y todos sus efectos involucrados.