Nota: Al filo del comienzo de un nuevo año, Punto Digital reproduce el magistral escrito de despedida al Maestro y uno de los fundadores del Gran Combo de Puerto Rico, Rafael Ithier. La despedida fue redactada y pronunciada por el Lcdo. Victor Rivera Hernández durante las exequias funébres en honor a Ithier celebradas el pasado 15 de diciembre de 2025 en la Catedral del Viejo San Juan.
Amigas y amigos todos; muy buenos días. Hoy recae sobre mí una gran responsabilidad, la cual asumo con humildad, solemnidad y agradecimiento. Hace unos años, Rafael Ithier me solicitó -en calidad de amigo, más que de abogado – que me encargara de formalizar su última voluntad sobre sus “exequias fúnebres”, al momento de partir.
Luego de discutir varios detalles sobre al particular e incluso de yo tratar, infructuosamente, de que variara algo sobre sus “exequias”; Rafael me miró y me dijo lo siguiente: “Vitito, gracias; pero todo va a ser como te lo estoy comunicando; quiero algo sobrio y solemne; y quiero que te encargues de ayudar a las muchachas en ese momento. Quiero también que des el mensaje en esa Misa, en la Catedral y que sea el Arzobispo Roberto González quien oficie la Misa”. Mi respuesta fue: “No se diga más, Rafael. Así será. Eso sí, buscaré una notario de extrema confianza, porque los Cánones de Etica le impiden a un hijo notarizarle a un padre y tú eres otro padre para mí”.
Y hoy, cinco años después de aquella conversación, ha llegado el momento difícil de decir adiós a una de las figuras de mayor relieve que ha dado Puerto Rico; respetando su última voluntad. Estamos aquí, porque las despedidas de las grandes figuras – en calidad de acto final – se convierten en homenajes públicos, multitudinarios y sentidos; y porque esas despedidas conjugan, repasan y hacen inventario – a su vez – de momentos, memorias, vivencias, legados e historias. Estamos aquí, porque como plasmó el laureado escritor Gabriel García Márquez, en su extraordinaria obra “Vivir para Contarla”: La vida no es la que uno vivió; sino la que uno recuerda y como la recuerda para contarla.
Y esa, precisamente, es la gran reflexión y el gran homenaje para rendir en esta mañana. ¿Cómo cada uno de nosotros, Puerto Rico y el mundo, recordarán la vida de Rafael Ithier y como ello nos servirá de inspiración para la posteridad?
Recordaremos a Rafael Ithier en una dimensión eterna como autodidacta, pianista, compositor arreglista y director, quien engalanó nuestro firmamento musical por más de ocho décadas, y quien luego de su paso por Cortijo y su Combo, fundó y dirigió por 63 años, la más popular orquesta que ha dado Puerto Rico en su historia: El Gran Combo de Puerto Rico.
Recordaremos a Rafael como el ícono, el referente y el arquitecto que diseñó, que planificó y que dirigió la rúbrica e institución musical más distintiva, prestigiosa, emblemática y sostenible que más gloria le ha dado y la seguirá dando a Puerto Rico.
Recordaremos a Rafael como el líder de su orquesta y como líder entre sus pares – en y fuera de PR – hecho que lo catapultó como uno de los músicos de mayor renombre y prestigio entre los siglos 20 y 21, trascendiendo el marco musical, y colocándose como figura cimera, en y fuera de Puerto Rico.
Recordaremos a Rafael como el vehículo que el arte utilizó para llevar alegría y hacer feliz a tanta gente alrededor del mundo que cantó y bailó con su música, su sabor, su clave, su rumba, su salsa y su guaguancó.
Recordaremos a Rafael como esa inspiración de vida, quien superó una niñez al palio de la pobreza material más abyecta para colocarse en la cima de uno de los géneros más importantes de la música popular, en una vida donde nunca hubo desperdicio, porque toda su vida fue ganancia.
Recordaremos a Rafael como el esposo, el padre, el hijo, el hermano y el abnegado hombre de familia, con una trayectoria personal y artística intachable, nítida, prístina, impecable, sin mancha y sin mácula.
Recordaremos a Rafael como el gigante, cuya estrella, historia, legado, música, ofrenda y lírica borinqueña no morirá, porque vivirá y replicará en el corazón y en los labios del pueblo que el tanto amó.
Recordaremos a Rafael como el hombre sencillo, sabio, de sonrisa amplia, solidario, sincero, genuino, de carácter, de una sola pieza y sin dobleces, quien hasta su última morada ha dado cátedra – como todo un Doctor Honoris Causa – de que “los grandes hombres se convierten en gigantes cuando brillan en sencillez, en honradez, en generosidad, en sobriedad y en humildad”.
Recordaremos a Rafael como el Maestro, cuya mayor lección para asegurar éxito es la disciplina, el rigor, la estructura y la responsabilidad;
Y, recordaremos a Rafael como el visionario, el mentor, el hombre sagaz, adelantado a su época, orgulloso de su origen, de su color, de su raza, de su esencia y de su puertorriqueñidad.
Hoy, Puerto Rico llora, agradece y despide a uno de sus hijos queridísimos; a uno de los más mimados, al último integrante de Cortijo y su Combo, y al último Rafael de aquellos cuatro virtuosos – negros todos – quienes fueron fundamentales en el desarrollo y arraigo de la música popular puertorriqueña, durante los siglos 20 y 21: Rafael Hernández, Rafael Cortijo, Rafael Cepeda, y Rafael Ithier
Hoy, con este acto solemne, sentido y sincero – en el cual el pueblo rinde su homenaje póstumo e incluso las banderas izan a media asta en señal de luto, respeto y duelo nacional – despedimos al maestro Ithier con la certeza del cristiano de que toda perdida terrenal es siempre una ganancia celestial, y que la eternidad gana no solo a un buen musico; sino a un buen puertorriqueño.
Mi querido Rafael: Te despido, como portavoz de todos los que estamos aquí. Te despido como un hijo despide a un padre. Con profunda tristeza, pero con el orgullo que produce cuando un árbol muere de pie y un gigante con las botas puestas. Para mí – como para muchos de los que están aquí en esta mañana – fuiste mentor, amigo, maestro, consejero, referente e inspiración. ¡Para el país, fuiste, eres y serás una gloria en nuestro firmamento musical y uno de los hombres que más prestigio dio a esta tierra que tanto amaste y honraste! Agradecemos a Dios tu valiosa largura y años de vida y que haya permitido que la dicha y el privilegio de tenerte entre nosotros y que hayas “dejado huellas, que son difícil, difícil de borrar.” Nos quedamos todos, con tu amor por Puerto Rico, tu humildad, tu talento, tu don de gentes, tu fuerza, tu disciplina, tu rigurosidad, tu honestidad, tu generosidad, tu acendrada conciencia social, tu tan humana personalidad y con la certeza que lo mejor de ti, vivirá por siempre en la memoria de tu pueblo.
¡Descanse en la paz del Señor! ¡Maestro Rafael Ithier! ¡Misión Cumplida!