San Juan — Una onda tropical trajo este martes un repunte de aguaceros a Puerto Rico, pero según el Servicio Nacional de Meteorología (SNM), que llueva en la isla no garantiza que llueva donde realmente hace falta: en las cuencas que alimentan los embalses Carraízo y La Plata.
«Esa gota de agua, cuando cae, es absorbida por el suelo», explicó Ernesto Morales, meteorólogo y coordinador de avisos del SNM en San Juan, al ser consultado sobre si los chubascos observados este martes estaban cayendo sobre las cuencas de Carraízo y La Plata. «Cualquier lluvia ahora mismo ayuda al estado de las cuencas alrededor de estos embalses» confirmó Morales en entrevista con Punto Digital.
El meteorólogo explicó el proceso que debe ocurrir para que esa precipitación realmente aporte a los embalses: primero debe saturar un suelo que lleva meses reseco por la sequía, y solo después se convierte en escorrentía que corre hacia los tributarios y, finalmente, hacia las represas. «Esa gota cae sobre la tierra, va siendo absorbida, se convierte en escorrentía, y la escorrentía llega a los tributarios, y los tributarios llegan a los embalses», dijo.
«Estamos todavía muy atrás»
Morales advirtió que, pese a los aguaceros de este martes, el déficit acumulado sigue siendo severo. «Estamos todavía muy atrás en cuestión de déficit de lluvia, y por eso es que nos preocupa lo que está ocurriendo con esta lluvia», indicó. Según Morales, toda precipitación que caiga sobre las cuencas de La Plata y Carraízo es beneficiosa, así como la que caiga sobre los ríos y la zona de El Yunque, áreas que registran un déficit de hasta 16 pulgadas.
El coordinador del SNM proyectó que las condiciones podrían mejorar gradualmente según avance la temporada de huracanes, que suele traer más sistemas capaces de generar aguaceros sostenidos sobre la isla. «Poco a poco, a medida que entremos a la temporada pico de huracanes, vamos a ver que las condiciones van a estar más favorables para el desarrollo de este tipo de aguacero», sostuvo.
Sobre el sistema de este martes en particular, Morales fue cauteloso pero mantuvo la esperanza: «Crucemos los dedos que caiga donde está cayendo hoy. Es poco, pero es donde tiene que estar cayendo.» Consultado sobre si eso bastaba para atender la sequía, respondió que terminarla «necesita mucho más que eso»: precipitación sostenida y consistente, exactamente sobre las cuencas correctas.
El contexto de la crisis
Esa dependencia de un fenómeno tan puntual no es casualidad: es el síntoma de un sistema que, según documentó Punto Digital en su reportaje «Radiografía de un sistema quebrado: ¿qué dicen los datos sobre el estado real de la AAA y qué le espera a Puerto Rico?», arrastra deficiencias estructurales de décadas. La Sociedad Americana de Ingenieros Civiles le otorga a la infraestructura de agua potable de Puerto Rico una calificación de «D» y de «D-» al sistema en general, mientras la AAA opera bajo vigilancia federal desde hace más de dos décadas, a través de una serie de decretos de consentimiento con el Departamento de Justicia y la EPA que han exigido cientos de millones de dólares en mejoras. A esto se suma un porcentaje de agua no contabilizada —perdida por fugas y fallas en el sistema— que ronda el 59%, según ASCE.
Ese es el trasfondo que explica por qué, incluso con inversiones millonarias en marcha, la AAA depende en última instancia de un factor que no puede comprar ni construir, y que tiene que caer exactamente donde tiene que caer.
Carraízo, el embalse con mayor área de drenaje en Puerto Rico, se alimenta del río Grande de Loíza y sus afluentes —los ríos Caguitas, Bairoa, Cañas y Gurabo, junto a la quebrada Infierno— cuyas cabeceras abarcan Caguas, Gurabo, Trujillo Alto, Aguas Buenas y Cidra. Actualmente, este cuerpo de agua enfrenta un plan de racionamiento que afecta a 183,000 abonados. Por su parte, el embalse La Plata, que depende del río de la Plata y suple a 130,828 clientes de la región norte-central, perdió 60 centímetros en la última semana. La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) reconoció que este último permanece bajo observación estricta.
El presidente ejecutivo de la AAA, Luis González Delgado, dijo el lunes que la corporación está pendiente de sistemas que podrían traer «buenas oportunidades de lluvia para las próximas semanas», pero insistió en que ningún ajuste operacional sustituye lo que solo ese fenómeno natural puede lograr: «Al final, no importa los ajustes que podamos hacer, en términos de extracción, necesitamos la lluvia para poder llenar nuestros embalses.»