Washington– Aunque la publicidad los retrata como “reyes de la carretera”, miles de camioneros hispanos que trabajan en Estados Unidos aseguran vivir una realidad muy distinta: bajos salarios, condiciones peligrosas y falta de protección legal. A pesar de ser parte esencial de la cadena de suministro nacional, muchos de ellos se sienten tratados como “esclavos del siglo 21”.
Actualmente, el 70 % de los productos en Estados Unidos se transportan por carretera, lo que convierte a los camioneros en un pilar económico. Sin embargo, el sector enfrenta una escasez de 80,000 conductores, cifra que podría duplicarse para 2030 si las condiciones laborales no mejoran.
Eldys O’Reilly, un camionero cubano con una década de experiencia en Texas, declaró a EFE:
“Somos el motor de los Estados Unidos, pero les resulta difícil contar con gente porque en realidad somos esclavos en el siglo 21, en plena democracia. Se nos explota cada día más, y se nos paga menos.”
El 22 % de los camioneros en EE.UU. son hispanos, muchos de ellos migrantes que enfrentan riesgos adicionales: transportan cargas peligrosas sin estar informados ni protegidos, carecen de representación sindical y no se les permite quejarse, bajo amenaza de despido.
La situación podría agravarse con una nueva orden ejecutiva del presidente Donald Trump, que exige a los conductores demostrar dominio del idioma inglés, una medida que podría dejar fuera a miles de trabajadores latinos en un sector ya deficitario.
Aunque se publicitan salarios de entre $41,000 y $83,000 anuales según experiencia (datos de Talent.com), la realidad es otra. Oscar Lobos, mexicano con 27 años de experiencia, denunció que el pago ha ido disminuyendo mientras aumentan los riesgos y las horas al volante. El año pasado, fue atropellado por un colega que se quedó dormido conduciendo.
En contraste, en países como México, un camionero gana en promedio $4,800 anuales trabajando más de 49 horas semanales, según datos de la Secretaría de Economía mexicana de 2024, lo que explica por qué tantos conductores deciden migrar, aún con las duras condiciones laborales en EE.UU.
El testimonio de estos trabajadores revela una crisis silenciosa en uno de los sectores más importantes de la economía estadounidense, donde la escasez de mano de obra convive con la precariedad laboral y la falta de regulación efectiva.