Bangkok – En medio del conflicto interno que atraviesa Birmania, el país se ha convertido en un punto estratégico para China y Estados Unidos debido a la creciente extracción de tierras raras, minerales esenciales para industrias de alta tecnología y defensa.
China, que controla más del 70 % de la producción mundial y cerca del 90 % de su refinado, depende cada vez más de los yacimientos birmanos para garantizar su hegemonía en un mercado clave. Estos minerales, presentes en chips de inteligencia artificial, vehículos eléctricos, paneles solares y misiles teledirigidos, son considerados el “oro” del siglo XXI.
La explotación minera en Birmania, sobre todo en estados fronterizos como Kachin, se multiplicó tras el golpe militar de 2021, cuando se relajaron los controles ambientales. El número de complejos mineros pasó de 130 en 2020 a más de 370 en 2024, según el Instituto para la Estrategia y la Política de Myanmar (ISP-Myanmar). Entre 2017 y 2024, el país exportó a China unas 290.000 toneladas de tierras raras por más de 4.200 millones de dólares, la mayoría tras la asonada militar.
El avance del Ejército para la Independencia Kachin (KIA), que ha tomado el control de importantes depósitos, representa un desafío para Pekín. “El control de los depósitos por parte del KIA ha complicado las cosas a China, pero esas reservas son tan vitales que no permitirá que el suministro se ponga en peligro”, advirtió Richard Horsey, experto de International Crisis Group.
China ha mediado en los últimos meses entre la junta militar y el KIA para evitar interrupciones. En paralelo, Estados Unidos ha dado señales de interés: el presidente Donald Trump envió en julio una carta al líder golpista Min Aung Hlaing anunciando una reducción de aranceles y el levantamiento de sanciones a algunos socios militares. Washington busca diversificar su acceso a tierras raras, aunque expertos coinciden en que sus opciones son limitadas frente a la influencia de Pekín.
El trasfondo geopolítico se suma a las elecciones que la junta birmania ha convocado para diciembre, con el respaldo de China, en un intento de ganar legitimidad internacional. Sin embargo, críticos las tachan de una “farsa” sin oposición real.
China, por su parte, ha reforzado su control con la reciente Ley de Recursos Minerales que regula la explotación y exige restauración ambiental. Una medida que confirma su apuesta por mantener la posición dominante en un sector estratégico cuya influencia en la guerra comercial con Estados Unidos es cada vez mayor.