Londres – El británico Darren Edwards, de 35 años, parapléjico desde un accidente de escalada en 2016, se prepara para emprender el 3 de diciembre una aventura sin precedentes: recorrer 222 kilómetros en la Antártida utilizando una silla de esquí adaptada para llegar al Polo Sur, con lo que buscará romper el récord mundial de “esquí sentado” establecido en 111 kilómetros.
“Estoy un poco nervioso, pero sobre todo emocionado”, dijo Edwards a EFE tras presentar oficialmente a su equipo en Londres. La expedición está compuesta por Dwayne Fields, jefe de los Scouts del Reino Unido; la reconocida aventurera y documentalista Lucy Shepherd; y su amigo cercano Matthew Biggar, quien documentará la travesía.
La misión es el resultado de dos años de planificación, en los que el atleta tuvo que recaudar 300.000 libras (unos 340.000 euros) en fondos y patrocinios. Más allá del récord, su objetivo es también generar al menos 100.000 libras para Wings For Life, organización que financia investigaciones sobre lesiones de médula espinal.
Más que un récord: inspiración para personas con lesiones medulares
Edwards explica que su propósito central es demostrar lo que es posible para las personas con lesiones medulares y motivarlas a redefinir lo que consideran “imposible”.
“En los momentos difíciles, no será el récord lo que nos impulse, sino la gente que intentamos inspirar”, afirmó.
Desde su accidente a los 26 años, Edwards ha forjado un impresionante historial deportivo como atleta con discapacidad: ha completado maratones en silla, entrenado con piragüismo y natación, realizado dos expediciones al Ártico noruego y roto varios récords. En 2021 remó 1,400 km a lo largo del litoral británico y en 2023 cruzó el glaciar más grande de Europa, el Vatnajökull en Islandia.
Un reto extremo en el continente más frío del planeta
Edwards sabe que la Antártida le exigirá mucho más que las expediciones anteriores. Con temperaturas que pueden alcanzar los –40 °C, fuertes vientos y ausencia total de infraestructura, el entorno representa un desafío físico y logístico gigantesco.
“Vivir con una lesión medular es complicado incluso en Londres. En la Antártida es muchísimo más complejo”, explica.
Debido a la pérdida de sensibilidad en sus extremidades, enfrenta el riesgo de congelación sin notarlo:
“A –40 °C no sentiría si se me congelaran los pies”, señala, destacando que han desarrollado equipos innovadores para proteger sus piernas.
Ruta al Polo Sur y vida en expedición
El equipo viajará primero a Santiago de Chile, luego a Punta Arenas y al Glaciar Unión, donde tomarán un último vuelo hasta los 88 grados sur. Desde allí comenzarán los 222 km hasta el Polo Sur geográfico, una travesía que esperan completar antes de Año Nuevo.
Cada día esquiarán entre 8 y 10 horas, mientras sus compañeros arrastrarán el equipo. Se alimentarán con comidas deshidratadas, fundirán nieve para agua y pasarán largas horas dentro de la tienda durante los temporales.
Pasarán la Navidad en medio del hielo, posiblemente —bromea Edwards— usando gorros de Papá Noel.
El desafío emocional
A pesar del frío extremo, los riesgos y el esfuerzo físico, Edwards confiesa que lo que más lo inquieta es estar lejos de su familia.
“No es el frío lo que me preocupa más. Me convertí en padre este año… esta es la primera expedición en la que dejo a mi esposa y a mi bebé. Me preocupa extrañarlo”.
Aun así, asegura que esta aventura también es para él:
“Lo hago para demostrarle que todo es posible”.