Washington D.C.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la construcción de un salón de baile de 90,000 metros cuadrados en el Ala Este de la Casa Blanca, financiado completamente por donaciones privadas de corporaciones tecnológicas y magnates de diferentes sectores económicos.
Según informó la Administración Trump, la lista de patrocinadores reúne más de 300 millones de dólares en aportaciones de empresas como Amazon, Apple, Google, Gemini, Meta y Microsoft, además de inversionistas y figuras influyentes como Konstantin Sokolov, el petrolero Harold Hamm, y la pareja de empresarios Kelly Loeffler y Jeff Sprecher, este último director de Intercontinental Exchange, propietario de la Bolsa de Nueva York.
Entre los nombres también figura el empresario cubanoestadounidense Benjamín León, confirmado recientemente como embajador de Estados Unidos en España tras haber sido nominado por Trump a principios de 2025.
Durante una cena privada en la Casa Blanca la semana pasada, Trump reunió a varios de los donantes y bromeó con ellos:
“Este es el precio de tener acceso al presidente”, dijo entre risas, asegurando además que la obra “no le costará un centavo a los estadounidenses”.
El proyecto, diseñado por la firma McCrery Architects, conservará el estilo neoclásico estadounidense característico del complejo presidencial. Las excavadoras ya comenzaron la demolición parcial del Ala Este, construida originalmente en 1902 bajo Theodore Roosevelt y modificada por Franklin D. Roosevelt en 1942, cuando se añadió un búnker subterráneo.
Sin embargo, el plan ha despertado críticas del Fideicomiso Nacional para la Preservación Histórica, organización sin fines de lucro que pidió detener las obras hasta que se cumplan los procesos de revisión pública y evaluación históricarequeridos por ley.
“El Ala Este forma parte del patrimonio arquitectónico y político de Estados Unidos. Cualquier modificación de esta magnitud requiere revisión legal y participación ciudadana”, advirtió la entidad.
Trump ha defendido el proyecto como parte de su visión para “modernizar y embellecer el legado presidencial”, insistiendo en que la obra será una “joya arquitectónica para la historia de EE.UU.”.