San Francisco (EE.UU.) – Alcatraz, la emblemática isla ubicada en la bahía de San Francisco, vuelve al centro de la controversia tras el anuncio del presidente Donald Trump de reabrir y expandir la histórica prisión federal para albergar a «los delincuentes más despiadados y violentos de Estados Unidos». En una declaración emitida a principios de mayo, Trump ordenó a varias agencias federales estudiar la viabilidad de convertir el antiguo presidio en un centro de detención, con la posibilidad de incluir a inmigrantes bajo custodia federal.
La propuesta ha generado una oleada de críticas por parte de defensores de derechos humanos, ambientalistas e historiadores, quienes advierten sobre las implicaciones éticas, legales y simbólicas del plan.
Alcatraz funcionó como penitenciaría federal entre 1934 y 1963, albergando a figuras como Al Capone y Robert Franklin Stroud, conocido como el «Hombre Pájaro de Alcatraz». Pero su historia se remonta aún más atrás, como fortaleza militar durante la Guerra de Secesión y, más tarde, como prisión militar.
En 1969, el lugar fue ocupado por miembros del movimiento indígena Red Power, que reclamaban la isla como territorio nativo. Actualmente, Alcatraz es un sitio protegido y una popular atracción turística bajo la administración del Servicio de Parques Nacionales.
Las autoridades federales deberán ahora evaluar si la infraestructura, deteriorada por el paso del tiempo y el ambiente marino, puede ser rehabilitada para uso carcelario. El anuncio también reaviva el debate sobre el uso del encarcelamiento como política migratoria, en un contexto electoral donde la retórica antiinmigrante ha tomado fuerza. Por ahora, el futuro de la isla queda en suspenso, atrapado entre su historia, su presente turístico y un plan presidencial que ha desatado una nueva ola de controversia.