Diana utilizó su fama para acercarse a pacientes con VIH, víctimas de minas terrestres y personas marginadas, mientras su propia vida transcurría bajo una exposición mediática extraordinaria. A 29 años de su muerte, su legado continúa presente.
Han pasado 29 años desde aquella madrugada que paralizó al mundo.
El 31 de agosto de 1997, Diana, princesa de Gales, murió tras un accidente automovilístico en el túnel del Pont de l’Alma, en París. Tenía 36 años y dos hijos, William y Harry.
Su muerte provocó una reacción extraordinaria. Miles de personas llevaron flores y mensajes a las residencias reales y el duelo trascendió las fronteras británicas. Su funeral se celebró el 6 de septiembre en la Abadía de Westminster.
Pero casi tres décadas después, Diana continúa siendo recordada por mucho más que la forma en que murió.
Una princesa que se acercaba
Diana llegó a la familia real británica tras casarse con el entonces príncipe Carlos el 29 de julio de 1981.
Era joven, carismática y rápidamente se convirtió en una de las mujeres más fotografiadas del planeta. Sin embargo, fue la manera en que utilizó esa atención la que terminaría definiendo buena parte de su legado.
Durante su matrimonio llegó a ser presidenta o patrona de más de 100 organizaciones benéficas, trabajando con causas relacionadas con personas sin hogar, niños, discapacidades y VIH/sida.
Y algunos de sus gestos tuvieron un impacto que hoy puede resultar difícil dimensionar.
El apretón de manos que desafió el miedo al sida
En 1987, en medio del miedo y la desinformación que rodeaban al VIH y al sida, Diana visitó una unidad especializada en Londres.
Allí hizo algo aparentemente sencillo: estrechó la mano de un paciente sin utilizar guantes.
En una época en la que todavía existían fuertes prejuicios y conceptos equivocados sobre cómo se transmitía el VIH, las fotografías del encuentro recorrieron el mundo y ayudaron a combatir el estigma alrededor de quienes vivían con la enfermedad.
Diana continuaría trabajando durante años con organizaciones vinculadas al VIH/sida.
Su capacidad para acercarse físicamente a personas que parte de la sociedad evitaba se convirtió en una característica de su labor pública.
La imagen que recorrió un campo minado
Diez años después protagonizó otra de las imágenes más reconocidas de su vida.
En enero de 1997, Diana viajó a Angola y caminó por un terreno despejado de minas terrestres utilizando equipo de protección.
Su presencia consiguió atención mundial para las consecuencias que estas armas seguían provocando sobre civiles incluso después de terminar los conflictos armados.
La campaña también generó críticas políticas en Reino Unido, pero Diana continuó.
En agosto de ese mismo año viajó a Bosnia para reunirse con sobrevivientes de minas terrestres. Sería una de sus últimas labores públicas antes de morir.
Meses después de su muerte se firmó el Tratado de Ottawa, destinado a prohibir las minas antipersonales. Su campaña es considerada una de las acciones que ayudaron a colocar el problema en la conversación mundial.
Diana y la prensa: una relación que marcó su vida
Pero mientras Diana utilizaba la atención pública para amplificar distintas causas, también vivía perseguida por esa misma atención.
Su matrimonio, maternidad, separación, divorcio, relaciones y prácticamente cada movimiento se convirtieron en material para periódicos y fotógrafos.
La relación entre Diana y los medios fue compleja: comprendía el poder de las cámaras y en ocasiones las utilizaba para impulsar sus causas, pero también sufrió una intensa invasión de su privacidad.
Esa relación adquirió una dimensión todavía más oscura después de su muerte.
La noche del accidente, el vehículo en el que viajaban Diana y Dodi Fayed era seguido por paparazzi. Investigaciones posteriores concluyeron que el accidente tuvo múltiples factores, incluido el estado del conductor y la velocidad, mientras la persecución de fotógrafos alimentó un debate mundial sobre los límites de la prensa y la privacidad de las figuras públicas.
Solo tenía 36 años
Quizás una de las cifras que más sorprende al mirar su historia desde 2026 es su edad.
Diana había conseguido convertirse en una de las mujeres más reconocibles del planeta, tener dos hijos, atravesar un matrimonio y divorcio bajo escrutinio mundial y desarrollar una extensa labor humanitaria.
Todo antes de cumplir 37 años.
Su última cumpleaños fue el 1 de julio de 1997. Apenas dos meses después, su vida terminó en París.
¿Por qué seguimos hablando de Diana?
Porque muchas de las conversaciones que rodearon su vida siguen vigentes.
La salud mental. La relación entre celebridades y medios. La privacidad. El papel de una monarquía moderna. El VIH. Las víctimas de guerras. Y la capacidad de una figura extremadamente famosa para dirigir las cámaras hacia personas que normalmente permanecían fuera de ellas.
Su influencia también continúa a través de sus hijos. William y Harry han respaldado causas relacionadas con algunos de los temas que marcaron el trabajo de su madre, y Harry incluso volvió a caminar en Angola por una zona que décadas antes había recorrido Diana durante su campaña contra las minas.
La propia familia real reconoce que, después de su muerte, su trabajo permanece mediante organizaciones y proyectos relacionados con las causas que apoyó.
Diana nació dentro de una familia aristocrática y entró a una de las instituciones más tradicionales del mundo.
Sin embargo, terminó siendo recordada precisamente por acortar distancias.
Entre una princesa y un paciente.
Entre la realeza y una persona sin hogar.
Entre las cámaras y una víctima de guerra.
Veintinueve años después de aquella madrugada en París, quizás por eso el mundo todavía no ha terminado de despedirse de Lady Di.